Muchos, o todos, conoceréis al mejor grupo de la historia del rock: Queen. Pues resulta que Freddy Mercury y los suyos no se conformaban con pasar a la historia por sus espectaculares directos. Un día, para celebrar la grabación de su disco “Jazz”, montaron la fiesta que se podría denominar el exceso de los excesos. Cientos de invitados vivieron aquella noche una de las mayores orgías que recuerda el panorama musical. No se reparó en gastos: enanos que portaban en sus cabezas bandejas con cocaína, camareros y camareras desnudos que servían todo tipo de lujosos manjares, modelos que peleaban en baños de hígado crudo, contorsionistas, bailarines transexuales, faquires, una mujer que se ofrecía a decapitarse a sí misma con una motosierra a cambio de una suma elevada y, en los servicios, todo tipo de “servicios de profesionales” de ambos sexos. En fin, una barbaridad. Pero ya lo dijo el propio Freddy, “no voy a ser una estrella, voy a ser una leyenda”.
Siento admitir que Queen es mi grupo preferido desde hace muchos años y lo va a seguir siendo, pero después de leer esto me planteo muchas dudas: ¿hasta dónde es capaz de llegar el aburrimiento de un grupo de multimillonarios? Lo tuvieron todo y quisieron más. Por otra parte, creo también que ya se hubiesen convertido en una leyenda sin necesidad de llegar a esos excesos de locura (una quiere pensar que eso son cosas de locos). ¿Realmente la fama, el dinero y el éxito provocan que se llegue a esos extremos? Yo quiero pensar que la locura está dentro de la persona y que la situación sólo hace que se manifieste antes de lo debido porque tengo la esperanza de que el mundo de la música no sea sólo sexo y drogas al extremo.
Todo esto y mucho más se encuentra en el fabuloso libro El gran circo del rock de Xavier Valiño (sí, es gallego). Simplemente he querido comentar este caso porque me ha sorprendido mucho. Si encuentro algo que me sorprenda igual también lo comentaré en próximos posts.